Desearía deshabilitar la capacidad de mi corazón para
clavarte en todos sus rincones. Te miro
y no me reconozco, pensé que era capaz de dejar mis huellas entre tus sábanas o
que realmente tu puñado de palabras, cuando
decías que sería especial en cualquier vida, eran sinceras. Que ingenua y
caprichosa me has hecho creyendo que salir de tu órbita requeriría más fuerza
que la de un estornudo.
Te has convertido para mí en el miedo de todo el mundo: lo
vital. Pero aun con nuestras meriendas a besos con sabor a helado de limón, nuestras mil maneras de
entrelazar los pies y nuestras despedidas interminables por no olvidarse nada y
amarse cada día mejor, para ti, hay una insuficiencia en necesitarme o añorarme
en tu voz, en tu cuarto o en tus sueños…
El tiempo no hace justicia a tus palabras frías e inexistentes:
casi como extraños aun conociendo cada rincón del otro. Hoy lucho contra los
gigantes del miedo de estar perdiéndonos y perdiéndome con ello y me siento más
frágil que nunca, más que contigo cerca sin estar…
Me da miedo la enormidad, donde nadie oye mi voz
“El amor se va mucho antes de irse, y permanece hasta mucho después
de haberse ido“Antonio Gala
No hay comentarios:
Publicar un comentario