A veces, momentáneamente, me gustaría utilizar mi desgracia como un don y en vez de hacer que mis vasos sanguíneos sangren por seguir viva que sea para volverme adicta. Convertir unidades de vida en droga. Ver como los dedos de los pies se me hinchan y aún sentada mi mundo gire tan deprisa que ni el silencio pueda pararlo. Sentir como mis nervios circulan por todo mi cuerpo a la velocidad de la luz y poco a poco dejen de hacer una transmisión entre ellas y no haya información que transportar. Sin glucosa en la sangre, no hay fluidez, todo se aturde y se para. Ese momento psicótico. Ese momento de impotencia total con mi cuerpo; de estar al borde de algo mortal. Verlo como algo necesario. Comprobar una vez más que los humanos necesitamos tener pruebas de que no somos eternos para poner antes de todo la prudencia y el cuidado de cada rincón de nuestro mecanismo.
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