Voy a resolver la ecuación perfecta mientras me desboco como la primavera de recuerdos. La gente vuelve porque no se acostumbra a vivir sin quejarse de la rutina. No aprovechamos lo que cada día nos vincula más con la felicidad infinita. Y sin querer, por casualidad o por destinación, llega el día en que buscamos y no vemos lo que hemos tenido tanto tiempo. Ahora se esfuma más y más rápido al ritmo de nuestras pulsaciones. Entra por nuestros pómulos el ardor del deseo y la pena que inunda nuestra garganta haciendo gorgoteos. Estáticos, podemos notar caer hasta el orgullo y solo queda una cosa: el silencio. Fiel y tantas veces compañero que pedimos que se esfume y dé guerra, nos chille y nos desarme.
Es de sabios rectificar pero es de tontos perder lo que se tiene y se desea. Y más lo que posees desde siempre y podrías poseérlo para siempre.
Nada es imposible. Ni la mismísima luna que compartimos todos los días.
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