Qué difícil está resultando el proceso de desencantarse de ti. Como si los problemas hubiesen dejado de existir. Como si lo malo fuese menos malo y lo bueno, lo mejor.
Ahora eres detallista, te empeñas en quererme a mi medida, sin altibajos ni méritos. Te recorres el mundo sin pensar cuanto tiempo requiere eso, te quedas sin mirar el reloj e insistes en que no te eche porque sabes que es una manera diplomática de decirte que te quedes. No tienes miedo y te sobra la iniciativa. Nos hemos dejado de gritar. No nos pisamos las frases. Nos escuchamos. Y sin entendernos del todo, nos demostramos el resto. Me haces sentir una de tus prioridades y me siento imprescindible para ti. Me siento tan guapa que me sobran hasta los complejos. Mi tripa se ha convertido en un puff blandito y besable. Horas de música. Que cortas se hacen las distancias con tu voz y tus buenos días. Joder cómo me haces reír.
Y así llevo meses, inventándome un bucle infinito de rutinas de lo mejor que teníamos y lo que más nos faltaba. Cómo si estuviese planeando el evento del año.
y no sé
en que momento estaré preparada para hacerlo
o para ser realista.

No hay comentarios:
Publicar un comentario