Siempre pensé que si superaba las barreras que me imponía a mi misma todo fluiría por fin pero, la clave está, en que siempre existen nuevas o recidivantes, en que por mucho que luches contra viento y marea tienes que empezar por aceptar que nunca se irán del todo.
Y ahí empieza la disociación con la idea de felicidad plena que nos han malmetido en la cabeza, aprendes a gestionar y ninguna verdad es lo suficientemente absoluta o constante. Entras en bucles infinitos de si eres y estas donde quieres ser y estar; bucles donde el tiempo no se alía y tienes que tomar o bien la actitud de creer que estás en un constante cambio o en una incesante incertidumbre de no estar nunca preparado para tomar las decisiones correctas.
Mi plan idílico es conocerme tanto que yo misma pueda convencerme de que cada paso que doy y que no doy suma.
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