Huir hacia delante, colgando del lomo la masa defectuosa que conformo sin saberlo.
Volver al inicio, cada mañana, sin saber que sentirlo así como lo siento es como vivir tres vidas a la vez.
Aprender, a pasitos hacia atrás, a lamerme mis asimetrías acariciando con los dedos que sí se puede.
Que por qué no. O por qué si me pasan las cosas que me pasan y soy quien soy aunque no quiera verme en ninguna conformación.
Aceptar, otra vez, que la intensidad tiene cuerdas. Cuerdas que se amarran al miedo más cercano. Aunque estés hasta la raíz.
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