a las 6 de la mañana.
Un domingo cualquiera.
En una cama equivocada.
Pero, mis ganas de respirarlo todo muy fuerte, decidieron delatarme, decidieron apagar tu cappuccino y tus ganas de complicarte la vida. Aunque podría apostar, apostar hablarte mil veces antes que tú a mi, que te hubiese desa(r)mado de todas tus flaquezas y miedos; Te hubiese puesto contra mis paredes y te hubiese hecho paisaje. Hubiese decidido ir en busca de la ecuación que equilibra la intensidad y el amor. Y, en caso de no encontrarla, encontrarte a ti un poco más que, por virtud y no defecto, hubiera sido lo mismo.

No hay comentarios:
Publicar un comentario