Suena el despertador. Mis sueños se quedan entre las sábanas. Buscan alguna salida para volverse reales. Buscan fisuras. Buscan valor que se despieza con el paso del día, con el peso de las horas, con la cruda realidad. Somos seres llenos de miedo, ligados a la ley de Murphy sin remedios posibles a no caer por el lado bueno de la tostada. Nos pasamos la vida buscando las cosquillas a otras personas cuando aquellas por quien acabamos muriendo no nos dejan ni enredarnos en sus costillas. Ni siquiera piensan en nosotros. Ni siquiera entramos en su vida mecanizada y competitiva.
Menos mal que a veces existen brotes de esperanza, zarzas llenas de flores o primaveras efímeras que nos hacen creer en la irrealidad de que las personas somos humanos antes que otra cosa. Que hacer la vida más sencilla a alguien es una virtud con la que nacemos y aunque el dolor es necesario, ya que nos hace saber que estamos vivos, podría reducirse a la simpleza de percatarnos que respiramos...
Quiero encontrar mi dirección.
No hay comentarios:
Publicar un comentario