He convertido mi prosa en el descarrilamiento
de mis sentidos. Pierdo el tacto si no ardo al tocarte; el gusto cuando tu
dulzura se vuelve amarga. La vista si no alcanzo a ver la estela de tu luz. El
olfato con la lejanía de tu esencia. El oído sin susurros tempranos…
Estoy en manos del azar, mis riquezas vienen y van. Lo único
bueno de ello es que todavía no se han ido y sigo entre tus dientes cuando
sonríes, en tus talones cuando bailas, en tu corazón cuando sientes. aunque estoy guardando
los trocitos de él que olvidas mascar, ya que dicen que hay que poseer siempre
algo para sorprender. Hay ruletas en las que no se debe apostar todo, aunque
creamos que podemos manejar nuestro destino e inventar nuestra suerte poniéndonos,
en las que pensamos que son las mejores, en tus manos.
No quiero perderNOS en cada equinocio de otoño y
reinventarNOS en cada uno de primavera por acción del frío helador de sentirse
lejos. Ni que resulte que nuestros números cardinales no nos hagan acertar.
Convertirte en el falso postor que cree en las cifras pares, pero a la vez crea
escudos anti-vida y se suelta de mis costillas, no te hará vivir otra vida. Por
mucho que se cambie de aire y compañía, hay olores que nos hacen recordar
quienes somos inevitablemente.
Vuela todo lo lejos que quieras, que aunque sigas dándome más
y más razones para dejar de sostener tu vuelo, seguiré siendo tus alas…
Dejas mis días patas arriba y mi corazón de capa caída.
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