Aún sin encontrar una razón coherente para maullarte esta noche, quiero pasear por los senderos de lo efímero y por la indefinida defensión de tener como única posibilidad de vida los brotes de mis entrañas. Preguntarme tu mala manía, entre miles, de correr por la curvatura de mi cintura y creer que no hay nada más detrás de mi localización. Seguir con la certeza de que si algo ha pasado una vez, puede volver a pasar sucediendo la tesis de que las segundas partes nunca fueron buenas. Y así, sin querer, con pequeños destellos de luz y firmeza, me creas.
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